Ocho formas de bajar la factura de la luz, ordenadas por lo que ahorran

Casi todas las listas de consejos para ahorrar luz están ordenadas por lo fácil que es escribir cada punto. Esta está ordenada por euros. Las cuatro primeras medidas valen más que las cuatro últimas juntas.

1. Ajustar la potencia contratada

Es la primera por una razón sencilla: es la única que ahorra dinero sin que tengas que cambiar nada de tu vida. El término de potencia se paga por cada kilovatio contratado y por cada día del año, uses la luz o no. Si te sobra un kilovatio y medio, lo estás pagando 365 días.

Mucha gente tiene 5,75 kW porque era el estándar cuando se firmó el contrato, a veces hace veinte años y decidido por el promotor. Con una instalación normal, sin coche eléctrico ni calefacción eléctrica, a menudo sobra. Es un trámite, se hace una vez, y el ahorro se repite cada mes.

Antes de tocar nada: solo se puede cambiar una vez cada doce meses, así que conviene calcularlo bien. Lo explicamos en potencia contratada.

2. Comprobar si tu tarifa venció

La segunda medida con más impacto tampoco exige apagar nada. La mayoría de las ofertas del mercado libre incluyen un descuento durante doce meses; al cumplirse el año, el contrato se renueva con la tarifa estándar de la compañía, que es bastante peor.

Es el motivo número uno por el que alguien que se cambió de compañía para ahorrar acaba pagando más que antes a los dos años. Mira la fecha de fin de contrato en tu factura. Si ya pasó y nadie renegoció, ahí tienes dinero sobre la mesa.

Estas dos primeras son las que hacemos nosotros Cuando alguien nos manda una factura, lo primero que miramos es la potencia y la fecha de renovación. En una parte importante de los casos, el ahorro está ahí y no hace falta tocar nada más.

3. Domar la calefacción y el aire acondicionado

Si tu calefacción o tu refrigeración son eléctricas, son con diferencia el mayor consumo de la casa, y no compiten con nada. Aquí la palanca es la temperatura de consigna, y funciona en las dos direcciones: cada grado que subes en invierno o bajas en verano se paga.

Las referencias habituales de confort son entre 19 y 21 grados en invierno y en torno a 26 en verano. No es una cifra caprichosa: es donde el gasto empieza a crecer más rápido que la sensación de bienestar. Un termostato programable que baje la temperatura de noche y cuando no hay nadie hace más por tu factura que cualquier otra compra.

4. Mover el termo eléctrico

Si tienes termo eléctrico de acumulación, es probablemente el segundo aparato que más consume de tu casa y el único cuyo horario es completamente flexible. Calentar el depósito de madrugada en lugar de a media tarde no cambia absolutamente nada en tu vida, y con una tarifa con discriminación horaria la diferencia se nota.

Un temporizador cuesta poco y resuelve el problema para siempre. Y si el termo está en un sitio frío, aislarlo mejora el rendimiento sin coste recurrente.

5. Programar lavadora y lavavajillas

Aquí hay dos ahorros distintos y conviene no confundirlos. El primero es el horario: casi todos los modelos de los últimos quince años tienen inicio diferido, y llevarlos a horas valle es gratis.

El segundo es la temperatura, y es mayor. En una lavadora, la inmensa mayoría de la energía se va en calentar el agua, no en mover el tambor. Lavar a 30 grados en lugar de a 60 recorta el consumo de forma sustancial, y para ropa de uso diario el resultado es indistinguible.

6. Poner al día el frigorífico

Es el único aparato que está encendido las 8.760 horas del año, así que las pequeñas mejoras se multiplican. Tres cosas que sí importan: que las gomas de la puerta cierren bien (prueba a cerrar con un papel en medio; si sale sin resistencia, hay que cambiarlas), que no esté pegado a la pared ni junto al horno, y que la temperatura esté en torno a 5 grados en el frigorífico y -18 en el congelador. Más frío no conserva mejor: solo consume más.

7. Cambiar la iluminación que aún no sea LED

Si te quedan halógenos, cambiarlos se amortiza rápido. Si ya tienes toda la casa en LED, este punto ya está hecho y no hay más que rascar: la iluminación de una vivienda con LED representa una parte pequeña del consumo total.

Merece la pena decirlo porque mucha gente cree que apagar luces es la gran medida de ahorro doméstico. Fue cierto en la época de las incandescentes. Hoy no lo es.

8. El consumo fantasma

Los aparatos en reposo consumen: el descodificador, el router, la televisión, los cargadores enchufados. Sumado todo, en un hogar medio se estima en una fracción pequeña del consumo anual, lo suficiente para que merezca la pena una regleta con interruptor en el mueble del salón, pero no lo suficiente para que sea por donde haya que empezar.

Y una excepción importante: el router no lo apagues. Los pocos euros que ahorras no compensan quedarte sin conexión ni el desgaste de los reinicios.

Lo que no funciona

  • Los «ahorradores de luz» que se enchufan a la pared. No existe ningún dispositivo doméstico que reduzca tu consumo facturado por el simple hecho de estar enchufado.
  • Apagar y encender la calefacción constantemente. Mantener una temperatura estable con termostato consume menos que enfriar la casa y volver a calentarla.
  • Cambiar de compañía cada año persiguiendo ofertas de bienvenida. Funciona, pero es un trabajo. Y si te descuidas un mes, pierdes más de lo ganado.

El orden importa

Si tuvieras que hacer solo dos cosas de esta lista, haz las dos primeras. No requieren esfuerzo diario, no dependen de que nadie en casa se acuerde de nada, y el ahorro se repite mes tras mes sin que tengas que volver a pensar en ello.

Y si no te apetece hacerlo tú, mándanos una foto de tu factura por WhatsApp. Miramos la potencia, la tarifa y la fecha de renovación, y te decimos con números qué se puede mejorar. Si no hay nada, también te lo decimos.

Mándanos la factura y te decimos el número

Lo que pagarías al año con lo que tienes ahora, y lo que pagarías con las alternativas. Sin rodeos y sin compromiso.

WhatsApp