Tarifa de luz fija o indexada: cuál te conviene
Es la decisión que más consecuencias tiene en tu factura y la que se toma con menos información. Aquí va lo que significa cada opción cuando dejas fuera el folleto.
Las dos formas de comprar luz en el mercado libre
En una tarifa de precio fijo, la comercializadora te vende el kilovatio hora a un precio cerrado durante la vigencia del contrato. Ella asume el riesgo de que el mercado suba y se queda el beneficio si baja. Por asumir ese riesgo cobra una prima, que va incorporada en el precio aunque nadie la desglose.
En una tarifa indexada pagas el coste de la energía en el mercado mayorista, hora a hora, más un margen fijo de la comercializadora. Ese margen sí se conoce y es lo único que compites al comparar ofertas indexadas. El riesgo de precio lo asumes tú.
Es la misma diferencia que hay entre una hipoteca a tipo fijo y una a tipo variable, y las preguntas que hay que hacerse son parecidas.
| Precio fijo | Indexada | |
|---|---|---|
| Quién asume el riesgo | La comercializadora | Tú |
| Previsibilidad de la factura | Alta | Baja |
| Coste medio a largo plazo | Suele ser algo mayor | Suele ser algo menor |
| Permanencia habitual | Doce meses | Poca o ninguna |
| Descuentos que caducan | Muy frecuentes | Poco frecuentes |
| Requiere estar pendiente | Solo en la renovación | De forma continua |
El error clásico con las tarifas fijas
No está en el precio, está en la fecha. La inmensa mayoría de las tarifas fijas con descuento atractivo lo aplican durante doce meses. Al cumplirse el año, el contrato se renueva de forma automática con las condiciones estándar de la compañía, que suelen ser notablemente peores.
Nos llega el mismo caso una y otra vez: alguien que se cambió hace dos años convencido de haber hecho un buen negocio, y que hoy paga más que antes de cambiarse. No le engañaron: dejó de mirar.
El error clásico con las indexadas
Contratarlas mirando el mes pasado. Una tarifa indexada es una apuesta a que los precios medios del próximo año serán razonables, y esa apuesta se gana casi siempre y se pierde de forma muy dolorosa cuando se pierde.
Quien contrató una indexada en 2020 quedó encantado. Quien la mantuvo durante los meses más tensos de 2022 recibió facturas que no olvidará. Las dos cosas son la misma tarifa funcionando exactamente como debe.
La pregunta correcta no es «¿cuál está más barata ahora?», sino «¿qué pasaría en mi casa si la factura se duplicara durante tres meses?». Si la respuesta es «un disgusto y ya», la indexada es viable. Si la respuesta es «un problema serio», no lo es.
Dónde encaja cada una
La tarifa fija tiene sentido si
- Llevas un presupuesto doméstico ajustado y necesitas saber lo que vas a pagar.
- Tu consumo es alto y estable, por ejemplo con calefacción eléctrica en zona fría.
- No tienes ninguna intención de estar mirando el precio de la luz cada semana. Es una razón perfectamente válida.
La indexada tiene sentido si
- Consumes bastante y puedes mover parte de ese consumo a horas baratas.
- Tienes autoconsumo solar y compensas excedentes.
- Cargas un coche eléctrico de madrugada.
- Puedes absorber sin drama un par de meses caros.
Y el PVPC, ¿dónde queda?
El PVPC también sigue al mercado, así que se parece más a una indexada que a una fija. La diferencia es que su metodología la fija el Gobierno, no hay margen comercial negociable y solo la ofrecen las comercializadoras de referencia. Lo desarrollamos en qué es el PVPC.
Cómo lo decidimos nosotros
Cuando revisamos un caso, miramos tres cosas: cuánto consumes al año, cómo se reparte ese consumo entre tramos horarios y qué margen tienes para absorber un mes malo. Con eso, la recomendación casi se escribe sola. La parte difícil no es el cálculo, es reunir los datos, y para eso basta con tu factura.