Cuánto consume el aire acondicionado
La respuesta corta: menos de lo que la gente teme y más de lo que le gustaría. La respuesta útil es una cuenta de dos líneas que puedes hacer con la etiqueta de tu aparato y tu factura.
La cuenta
Busca en la etiqueta del aparato o en el manual la potencia eléctrica absorbida en refrigeración, expresada en vatios. Ojo, no la potencia frigorífica: son dos números distintos y el segundo siempre es mayor. Un split doméstico típico ronda entre 700 y 1.500 W de consumo eléctrico.
(Vatios ÷ 1.000) × precio del kWh = euros por hora a pleno rendimiento.
Para saber tu precio real del kWh, divide el importe total de una factura entre los kWh consumidos en ella. Ese número ya lleva impuestos dentro y es el honesto para estas cuentas.
Ese resultado es el techo, no la media. Un equipo con tecnología inverter solo trabaja a plena potencia mientras enfría la estancia; una vez alcanzada la temperatura, modula y consume bastante menos. Por eso un aire encendido cuatro horas no consume cuatro veces lo de la primera hora: consume claramente menos.
El aire acondicionado es una bomba de calor al revés
Vale la pena entenderlo porque explica por qué es más eficiente de lo que parece. Tu aire no «genera frío»: extrae calor del interior y lo expulsa fuera. Mover calor cuesta mucha menos energía que crearlo, y por eso un equipo puede retirar varias veces más energía térmica de la eléctrica que consume.
Es exactamente el mismo principio que hace que la aerotermia gane a los radiadores eléctricos en invierno, y de hecho la mayoría de los splits modernos pueden funcionar en las dos direcciones.
Los cuatro ajustes que sí mueven la factura
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La temperatura de consigna
Es la palanca más potente con diferencia. Cada grado que bajas obliga al equipo a trabajar más tiempo y con menos margen. La referencia habitual de confort en verano está en torno a los 26 grados, y no es una cifra puesta al azar: por debajo, el gasto crece más rápido que la sensación de alivio.
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Cerrar la casa antes de encender
Persianas bajadas en las horas de sol y ventanas cerradas mientras funciona. Enfriar una habitación con el sol entrando por el balcón es tirar dinero de la forma más literal posible.
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Limpiar los filtros
Un filtro sucio reduce el caudal de aire y obliga al equipo a funcionar más tiempo para el mismo resultado. Es mantenimiento de quince minutos que se nota.
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Ventilar de madrugada
Abrir de par en par cuando la temperatura exterior baja y cerrar antes de que suba. Enfriar la casa gratis unas horas reduce el trabajo del equipo durante todo el día.
¿Apagarlo al salir de casa?
Depende de cuánto tiempo. Para una ausencia corta, de menos de una hora, suele salir mejor dejarlo funcionando: mantener una temperatura ya alcanzada cuesta poco, mientras que volver a enfriar una casa recalentada obliga al compresor a trabajar a tope un buen rato.
Para ausencias largas, apágalo. Y para el caso intermedio de una jornada de trabajo, lo más eficiente es programarlo para que arranque poco antes de tu llegada. La regla es evitar los arranques desde cero, que es donde está el consumo alto.
Un ventilador no compite, complementa
Un ventilador de techo consume una fracción minúscula de lo que consume un aire acondicionado y no baja la temperatura de la habitación ni un grado: lo que hace es mover el aire y aumentar la sensación de frescor sobre la piel.
Combinados, permiten subir uno o dos grados la consigna del aire manteniendo la misma sensación. Esa es la mejor relación entre coste y confort que existe en verano.
Si el verano te descuadra la factura
En una vivienda con aire acondicionado, julio y agosto pueden multiplicar el consumo respecto a un mes normal. Si tu tarifa es de precio único, todo ese consumo extra se paga al mismo precio, esté a la hora que esté. Si tiene discriminación horaria, mover parte del uso a la franja barata del fin de semana cambia las cifras.
Mándanos una factura de verano y otra de invierno: con las dos se ve tu estacionalidad completa y se puede elegir tarifa para el año entero, no para un mes.